Secretos del Castillo

EL BAILE DE LAS ALMORRATXAS O MORRATXAS UNA TRADICIÓN VINCULADA A LA DOMUS DE CANET, HOY CASTELL DE SANTA FLORENTINA

Dentro del amplio abanico de tradición y folklore  catalán (costumbres, historias o leyendas) el Baile de las Almorratxes o Morratxes es una de las danzas más características del Maresme, aunque también se practican  en otras comarcas como en La Selva, es el caso de Lloret de Mar.

Como fundamento de esta tradición vinculada directamente a Canet de Mar y en el entorno del Castell de Santa Florentina queremos honorar el testimonio y el estudio realizado por el Dr. Marià Serra y Font que publico en  “La Renaixensa” el año 1892. (La cita y referencia documental de este articulo además de su rigor histórico es un homenaje a la figura de este ilustre hijo de Canet de Mar y que coincide con el nombre de la avenida donde tiene la dirección urbana el Castillo avenida Dr. Marià Serra).Ya entrando en materia de la representación de esta tradición folklórica del baile, éste consistía en un joven que deseaba bailar con una joven. Ella debía corresponder aunque no tuviera el deseo de hacerlo. Después de dar unos pasos, la entregaba a otro joven que tampoco podía negarse a bailar. Así sucesivamente hasta que la pareja de baile se paraba ante una mesa y compraban una almorratxa o morratxa. El objeto contenía agua perfumada con la que el bailador espaciaba delicadamente sobre su pareja. Después, el perfume que quedaba  lo vaciaba a sus pies. Una vez la morratxa vacia la joven bailadora la rompía tirándola al suelo. Era obligado al bailador de comprar tantas almorratxas como quisiera romper su pareja de baile. A veces llegaba a media docena y en otras la cantidad sobrepasaba.

En Canet de Mar se bailaba dentro de los actos festivos que se celebraban en el día de San Pedro (29 de junio, Fiesta Mayor)

Volviendo al relato de nuestro cronista, cuenta que por aquel entonces en un castillo situado en la costa de Llevant ahora Maresma, en Catalunya, vivía un matrimonio noble y cristiano con su única hija. Joven bella, de nobles virtudes que la hacían valedora de los deseos de los jóvenes nobles de la comarca que la pretendían. Ninguna promesa, ni riqueza ofrecida por sus pretendientes eran convincentes ante su firme decisión de dedicar su vida y amor a Dios. En aquella época también, vivía en la comarca un moro, joven bien parecido, rico y poderoso que prendado de la belleza de la joven decide solicitar su mano. De suponer, fue que la joven rechazo rotundamente los deseos del joven moro además con el agravante que no profesaban la misma religión. No obstante la ferviente disposición de enamoramiento del moro hizo que persistiera en su empeño hasta que un día, enterado que la familia de la joven asistía a una fiesta que un noble vecino daba en su señorial casa, el enamorado moro aprovecho la ocasión para presentarse con un gran séquito de acompañamiento a dicha fiesta. Él pensó que las sombras de la noche, sus esplendidos presentes y un tanto por el temor de su poder, la joven accedería a su petición. Así que se presentó en el castillo donde se celebraba la fiesta, día de puertas abiertas y que por su fama de hombre pacifico no tuvo dificultad alguna para acceder a la casa.

Su entrada, inesperada, a la gran sala dejo atónitos a todos los asistentes. Con paso firme y seguro se postra a los pies de la joven doncella y le ofrece una ampolla llena de agua perfumada con olorosos aromas, y recubierta de piedras preciosas. Ante todos los presentes le manifiesta con voz temblorosa que acceda a los deseos de su verdadero amor. Se produce un momento crítico por saber la respuesta de bella joven que no se hizo esperar. Sin gesticular palabra alguna, y con mirada de menosprecio al atrevimiento del joven moro, coge con furia la ampolla de las manos del pretendiente, y la lanza con todo su fuerza al suelo, rompiéndose en miles de trozos y vertiendo toda el agua perfumada. Ante el asombro de los asistentes, el moro cabizbajo y avergonzado abandona la sala y el castillo totalmente trastornado por su mala suerte. Fue tal su vergüenza pasada que no se atrevió a salir más de su casa, abandonando la comarca y embarcando hacia su país, África.

El firme y valeroso acto que mostro la joven doncella en aquella situación que cuando se hizo público tales hechos, se decide que cada año se repita el evento, convertido en danza. (Actualmente donde persiste la tradición suele celebrar el evento en los días de la Fiesta Mayor, con el Baile de las Morratxas).

La tradición así lo cuenta y el propio Marià Serra aunque afirma en su artículo que hasta el momento en que lo escribe(1892) no ha localizado su origen si que cuenta como otros historiadores la mencionan señor Pellicer de Mataró en su obra Iluro y don Magi Xiques, canatense de pro, en su monografía sobre Canet : Canet en l’Avenir (Canet en el Futuro) donde además de su riguroso estudio llega a suponer que el hecho sucedió en  la antigua casa Domus de Canet , hoy el Castell de Santa Florentina.

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